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jueves, 3 de octubre de 2013

Paris #2: Sous la pluie et le ciel gris



Después de una noche de poco sueño (por eso llevamos esas caras de dormidas) y un desayuno maravilloso (brioche + nutella = paraíso) donde cogimos fuerzas, comenzamos un nuevo día en París. Primera parada: Musée d'Orsay. Desconocido para mí, resulta que era una estación de tren inutilizada que convirtieron en museo con el fin de exponer obras impresionistas y modernas, puesto que ya no había más espacio en el Louvre. La verdad es que el edificio es impresionante, tanto por fuera como por dentro.


Adoro el arte, y una de mis épocas favoritas es la de los impresionistas ¿A quién no le gustan? Así que ya imagináis como me sentía allí, en el séptimo cielo. Dispuesta a recorrer todo el museo, y ver lo que pudiese en menos de 2 horas, no perdí el tiempo. 

Los cuadros que más me gustaron (hay unos cuantos, ¡pero es que no me he podido decidir!):


 Les glaciers débaclés sur la Seine - Claude Monet

Mi cuadro preferido. Descubierto por casualidad mientras deambulaba por las salas de los impresionistas, captó mi atención de inmediato. Quizá fue por los colores o los trazos del pintor, algo en él me transmitía sensaciones de paz, soledad y armonía. La verdad es que no es uno de los más famosos de Monet, y no tengo idea del porqué. 


La nuit étoilée - Vincent van Gogh 

Nunca he sido fan de Van Gogh. Sus girasoles no me parecieron tan impresionantes en Londres, así que tampoco me emocioné mucho cuando mencionaron que tenían una sala dedicada a él. Cuál fue mi sorpresa al entrar en los últimos minutos para echar un vistazo rápido y reafirmarme en mi opinión sobre este pintor, y topé con La noche estrellada, uno de los únicos de sus cuadros que me encantan. Al final, el Musée D'Orsay sí que tenía una verdadera colección de arte, no como había imaginado al principio.


La Seine et le Louvre - Camille Pissarro 
Pintora + me gustan la mayoría de sus cuadros + París = Descubrimiento genial

 Bal du moulin de la Galette - Auguste Renoir 

Felicidad. Cariño. Buenos momentos.




La Rue Montorgueil à Paris. Fête du 30 juin 1878 - Claude Monet

¡IM-PRE-SIO-NAN-TE!






Coquelicots -Claude Monet




Bords de l'Oise, près de Pontoise, temps gris - Camille pissarro

¿Dónde estaban escondidos los cuadros de esta mujer?




Le Bassin aux Nymphéas, harmonie verte - Claude Monet



 Magdalena Bay - Fronçois Biard

Necesito urgentemente un póster de este cuadro (lo busqué en la tienda del museo pero ni rastro) y hacer una visita a ese mágico lugar. 


Les Eléphants d'Afrique - Charles Emile de Tournemine

En el último momento, me aventuré en la sala oriental, creo que se llamaba, lo que significa que casi me pierdo 
este pedazo de cuadro. Tan realista es, que me pareció estar de verdad en las tierras de África, observando 
como les elefantes beben al atardecer.

La neige sur Marly-le-roi - Alfred Sisley

Otro gran descubrimiento impresionista. ¿Qué sabía yo de cuadros antes?, me pregunto. ¡Qué inculta que soy! Y encima cuando decido hacer Historia del Arte para remediarlo, van y no me dejan. Si al final la culpa va a ser mía...


Le Givre - Claude Monet


La Solitude - Thomas Alexander Harrison
El cuadro se encontraba escondido, en una de las esquinas de una salita poco transitada. No obstante, algo en él captó mi atención y la retuvo durante minutos y minutos. Sí, el título le va perfecto, porque al contemplarlo te sientes tan sola, como si ya no quedase nadie en el mundo, como si los problemas y preocupaciones se hubiesen desvanecido. Y esos instantes son maravillosos.  


El tiempo voló, y en nada ya nos teníamos que ir. No sentía las piernas al haber estado corriendo de una lado para otro pero no puedo ser más feliz. Sí, descubrí un verdadero tesoro en ese museo del que no esperaba nada. 

 Fuimos a comer a Saint-Michel, pasamos por Notre-Dame y llegamos hasta la plaza de la Bastilla (una buena caminata para bajar el postre: crêpes de azúcar). Destino: la casa del escritor Víctor Hugo en la Plaza de los Vosgos. Por suerte, la lluvia nos dio un leve respiro y pudimos hacer algunas fotos al aire libre (Cómo veréis mi cara había mejorada sensiblemente). 


 









Admiradora de la poesía de este autor, la verdad es que su casa no me llamó demasiado la atención. Sí, aprendí algunos detalles sobre su vida pero nada del otro mundo.

Última parada: Centre Pompidou ¿Qué era? Yo que sé. Lo llamaban "centro cultural", pero tampoco es que hiciésemos mucho para explorarlo: visita al baño, explotación del WIFI y apalancamiento en el a pasillo. La cultura allí no aparecía por ninguna parte.




Cenamos en Bercy Village (donde las hamburguesas cuestan 10 euros como mínimo) y como llovía, nos fuimos al hotel. No sé por qué, mmmm, pero esa noche los profesores hicieron perrito guardián. ¿Evitaron que nos divirtiésemos? ¡Qué va! La fiesta empezó más tarde y ya está.


viernes, 18 de mayo de 2012

Mi Utopía


Una utopía es un sueño inalcanzable, imposible, la quimera de un mundo perfecto e ideal. Los filósofos modernos dibujan ese mundo como un lugar donde la autoridad, es decir el gobierno, no existe ya que una organización lógica resolvería las dificultades reales de la sociedad, como la pobreza, las diferencias sociales (la pirámide de clases desaparecería), los conflictos políticos y religiosos. Una idea muy parecida a la que utilizó Marx para definir el comunismo.

Y entonces, me pregunto ¿Cuál sería mi utopía? ¿Cuál sería mi mundo ideal? Empezaría por la Paz Mundial para quedar bien con todo el mundo (rollo Miss Universo), pero no soy así. Primero pienso en mí, y después también en mí. Lo siento por los demás. Volvamos al tema. Creo que me inclino más por Charlie y la fábrica de chocolate y todo eso. No soy una niña, me digo, así que me obligo a pensar en cosas más “adultas”. Sin embargo, ese dulce y delicioso torrente de chocolate me vuelve a la mente. Sí, definitivamente en mi mundo ideal tendría que haber chocolate.
¿Qué más? Empiezo a dudar. No sé qué decir. De repente, mientras mis ojos se cierran a causa del cansancio, un trueno interrumpe la quietud de la noche. Me asomo por la ventana, y observo como las gotas de lluvia se estampan silenciosamente contra el asfalto bajo el halo dorado de la farola. Llovería. Sí, en mi mundo llovería. Triste, lo sé. Para algunos las nubes y el frío representan la melancolía, mientras que yo sonrió al ver llover. No hay nada más bonito. Todo queda limpio y nuevo. El aire se vuelve puro. Es como comenzar de nuevo. Todo se ve distinto. Esa sensación de libetad que te embarga, mientras las gotas frías corren por tus mejillas. Inmejorable.

Rápidamente, cojo una vieja libreta de mi escritorio y garabateo medio dormida todas esas cosas que me hacen sonreír: leer el final de un libro, dormir hasta el mediodía, pintar paisajes que nunca he visto, el helado de stracciatella (mi vida no valía la pena antes de él), hacer rabiar a mi hermano pequeño y verlo sonreír, saber que me parezco a mi madre, las bromas de mi padre, imaginar historias que nunca llegaré a escribir, las locas de mis amigas, canciones “happy”, hacer el tonto, resolver un problema de mates, comprarme zapatos, la Navidad, las anécdotas familiares, un abrazo de mi abuelo, y el querer siempre un poco más.
Al día siguiente, cuando me despierto y leo todo esto, me río. No debería escribir a ciertas horas de la noche. Llega un momento en que no soy persona. Mi padre entra en mi habitación, y me hace cosquillas en los pies para que salga de la cama. Me revuelvo: no quiero dejar mi edredón, pero me obligo a salir de la habitación. Huele a café recién hecho, el olor a fin de semana. Bajo descalza las escaleras y corro a sentarme antes de que mi madre me vea. Zito, está haciéndose un batido de Cola Cao y lo ha dejado todo hecho un asco. Una guarrada que me tocará limpiar a mí, vamos. Me sonríe y pone Doraemon antes de que yo pueda coger el mando. Habrá que aguantarse.
Mi padre hace un comentario sobre un programa que ambos vemos y me río. Me gusta ese sonido, me recuerda que soy feliz. Mamá está haciendo la comida: pollo indio. Chincho un poco al enano hasta que papá me mira arqueando la ceja.  A regañadientes le dejo en paz, pero cuando se despista le doy un beso en la mejilla. Se la limpia corriendo, y me mira enfadado. Quique empieza bromear con Zito. Los miró mientras me como la tostada, saboreándola. Qué raro sería no tener hermanos, me digo. Sonrió y sigo escuchándolos sin decir nada.
De pronto, recuerdo lo de mi mundo ideal y todas las cosas que quería en él. Y me doy cuenta de que es totalmente absurdo. Si ya soy feliz ¿por qué querer un mundo ideal? No haría más que aburrirme. Lo perfecto no me interesa. Lo perfecto no hace gracia, no provoca emociones. No te enfadas ni te cabreas con lo perfecto. Vivir en el mundo real es más complicado, sí, pero también mucho más divertido. Así que llego a la conclusión, de que los filósofos y sus utopías inalcanzables son el reflejo de cómo un hombre  intenta interpretar el mundo, recita todos y cada uno de los defectos que ve, y no cambia nada. Un aplauso para todos ellos y  sus trascendentales opiniones ¿qué haríamos nosotros sin filósofos?